(Punto de vista en tercera persona)
El Salón de los Espejos brillaba como una catedral del pecado, sus paredes cubiertas de altos espejos que reflejaban a las mujeres enmascaradas cien veces. Diez de ellas, sentadas en un creciente de sillas de terciopelo, sus vestidos brillando bajo la luz dorada de las arañas. Cada máscara era una obra de arte—filigrana dorada, plumas, encaje oscuro, alas joyadas. Parecían diosas convocadas para un rito secreto, pero bajo la perfección, los nervios y el hambr