PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
La habitación parecía cargada, como si el propio aire vibrara con palabras no dichas y pensamientos prohibidos. La piel de Lena ardía aún por el escozor de la disciplina anterior de Ethan, y ese calor persistente la hacía consciente de cada centímetro de su cuerpo. Sus respiraciones eran cortas, casi desesperadas, pero sus ojos permanecían fijos en él—firmes, hambrientos, desafiantes.
La compostura de Ethan pendía de un hilo.
Siempre había sido el hombre en con