MUÑEQUITA. CAPÍTULO 8. Por lo que vale la pena luchar
Grace ni siquiera intentó apartarse porque era evidente que no lo lograría, su piel se erizaba solo con su tacto, y su aliento se cortaba mientras la tensión de aquellas manazas que abarcaban sus nalgas se tensaban aún más. Estaban frente a frente, con sus cuerpos a tan solo unos centímetros, y sus bocas tan cerca que podían sentir sus respiraciones haciéndose cada vez más pesada.
—Muñequita...
—Tus... tus tatuajes... —murmuró Grace porque presentía que lo siguiente que saliera de la boca de M