CAPÍTULO 37. A tiempo
Mar no podía explicarlo, pero aquella sensación que le erizaba el pelo de la nuca no se iba. Como un presentimiento que la hacía voltear la cabeza sobre el hombro una y otra vez, como esa voz interna que le advirtiera: "¡Corre por tu vida!"
Entró a la casa apresurada y escudriñó en la oscuridad para asegurarse de que no había ningún otro auto siguiéndola. Cerró las cortinas y corrió escaleras arriba. La niñera se había quedado dormida en el sofá del cuarto de Mitch y Mar la despertó amablemente