Horas más tarde Rossi, acostaba en la habitación que ocupaba el niño, cuando Edward llego y entró con paso firme y actitud segura, al observar al niño dormido se detuvo.
–Disculpa.
Rossi le sostuvo la mirada.
–¿Qué querías, Edward?
El se aproximó, y ella notó que fijaba la mirada llena de ternura en su hijo.
–Venía a preguntarte si has descansado algo desde que llegaste
–¡ Te importa!
Su tono agudo hizo que Santi aleteara los párpados, protestara un poco y se giró en la cama dormido.