58*-LA ISLA

Horas más tarde Rossi, acostaba en la habitación que ocupaba el niño, cuando Edward llego y entró con paso firme y actitud segura, al observar al niño dormido se detuvo.

–Disculpa.

Rossi le sostuvo la mirada.

–¿Qué querías, Edward?

El se aproximó, y ella notó que fijaba la mirada llena de ternura en su hijo.

–Venía a preguntarte si has descansado algo desde que llegaste

–¡ Te importa!

Su tono agudo hizo que Santi aleteara los párpados, protestara un poco y se giró en la cama dormido.
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