El pasillo del hospital olía a lejía y lirios. Apreté el diminuto USB en mi puño con tanta fuerza que los bordes de plástico se clavaron en mi palma. Las palabras de mi madre seguían resonando: *Míralo sola primero.* Todavía podía sentir el peso de su mano en la mía, la forma en que sus dedos habían temblado cuando me presionó el USB en la palma.
Entré sola en el ascensor. Las puertas se cerraron y me apoyé contra la pared espejada, mirando mi propio reflejo. Ojos rojos. Labios apretados. La mu