—Puedes decirme lo que quieras, pero cuando veas a Daniel, no te excedas.
—¡Está bien, lo sé! —Estrella respondió obedientemente, consciente de la situación.
Un rato después, se encontraron con Daniel. Sus ojos no se apartaron de Irene ni un instante.
Estrella sonreía para sus adentros. Realmente deseaba que Irene pudiera dejar atrás a ese hombre despreciable llamado Diego. Irene merecía algo mejor. Había observado a Daniel: era guapo, atlético y rico. Aunque sabía que Irene estaba casada, la fo