—¿Qué cosa es esa? —Pablo se quedó sorprendido.
Mientras Pablo seguía confundido, Diego cambió de tema:
—Si no tienes nada que hacer, mejor vete.
—¿Por qué estás tan misterioso últimamente? Además, tú e Irene...
—Veo que realmente no tienes nada que hacer. —Diego respondió con desdén—. ¡Lárgate ya!
Pablo se apoyó en la ventanilla del coche y dijo:
—¿No será que... te has enamorado de Irene?
En un instante, el rostro de Diego se tornó aún más sombrío. Pablo, al ver su reacción, soltó una risa est