Diego la agarró del brazo con fuerza.
—Irene, no te pases de la raya.
—¿Quién es el que se pasa? Diego, si realmente no tienes nada que hacer, ve a buscar a tu amante. Estoy segura de que ella estará encantada de estar contigo. —Irene se sintió ridícula.
—¿Y luego? ¿Nadie se preocupará por ti y podrás buscar hombres, coquetear a diestro y siniestro, verdad?
—Diego, si mi carácter es tan deplorable que solo puedo avergonzar a la familia Martínez, ¿por qué no te divorcias?
—¿Es eso lo que quieres?