—Lo sé, lo sé, Ire, ¡te demostraré mi sinceridad! —Diego, al notar que su tono se había suavizado, sintió una gran alegría.
—Yo también intenté humillarme para agradarte, pero al final no salió como esperaba. Diego, el amor duradero se basa en la conexión mutua y la igualdad, no en que uno se humille ante el otro. —Irene continuó.
—Lo entiendo. —Diego la miró, su mirada llena de ternura y cariño.
Irene terminó de hablar, abrió la puerta y salió. Diego la siguió de cerca, observando su figura, si