—Vamos, hablemos con calma. —Ezequiel la tomó del brazo y comenzó a salir.
—¿Aún la defiendes? —Nieves lo apartó con desdén.
—Señor Alvarado, creo que este asunto familiar es mejor discutirlo en casa. —intervino Diego.
Antes de que Ezequiel pudiera responder, Nieves suavizó su actitud. Tiró del brazo de su padre y, con un tono más tierno, le dijo:
—Papá, mejor volvamos a casa.
Ezequiel pensó que debía aclarar las cosas con su hija; si seguía metiéndose en este lío, no solo perdería la oportunida