Julio terminó su trabajo y fue al lugar acordado, pero no encontró a nadie. Llamó, y Irene se quedó en blanco por unos segundos antes de responder.
—Lo siento, te olvidé. —dijo ella.
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Es algo que se puede olvidar? —Julio reprobó con entonación.
Irene le dio una nueva dirección. Julio condujo hasta allí y le tomó más de una hora. Al llegar, se dio cuenta de que Daniel también estaba allí.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
Bella siempre contaba historias con gran encanto e impacto