Irene estaba sorprendida de que Diego quisiera acompañarla a cenar. Diego mismo no esperaba que llegara a ser un día como este.
Los demás estaban aún más sorprendidos.
Estrella abrió los ojos de par en par, su mirada llena de asombro.
—¿Cómo hay un visitante no deseado? —Julio se quedó un momento, pero rápidamente recuperó la compostura.
Su voz se volvió fría, y en su mirada había una pizca de hostilidad. Diego, al verlo, tampoco tenía una expresión amistosa.
—¿Este restaurante es solo para ti?