POV Lanya
Damiano no soltó mi mano ni un segundo desde que salimos de la habitación donde habían atendido a Atalya.
Aún seguía alterada por todo lo ocurrido.
La caída. Los gritos. Las acusaciones.
La incertidumbre sobre el bebé de Atalya.
Y ahora también mi propio embarazo.
Sentía que mi vida se había convertido en una tormenta imposible de controlar.
Damiano se detuvo frente a mí y tomó mi rostro entre sus manos.
—Vamos a ver a un ginecólogo —dijo con firmeza—. Necesito saber que mi hijo está