POV NINA
Me desmoroné.
En cuanto la puerta se cerró detrás de Augusto, sentí que todas las fuerzas que había utilizado para mantenerme de pie desaparecieron de golpe.
Caí al suelo y rompí en llanto.
Lloré como una niña.
Sin dignidad.
Sin intentar contenerme.
Sin importarme cómo me veía.
Me abracé a mí misma, rodeando mi cuerpo con ambos brazos, como si pudiera darme el consuelo que en ese momento nadie más podía ofrecerme.
Pero no encontré consuelo.
Solo había dolor.
Un dolor profundo, insoporta