POV Atalya
—Está bien. Acepto.
Por un instante pensé que había escuchado mal.
Parpadeé.
Luego una sonrisa lenta comenzó a dibujarse en mis labios.
Lo sabía.
Sabía que terminaría aceptando.
Porque las personas podían presumir de moralidad, de principios y de honor, pero cuando se les ofrecía aquello que más deseaban en el mundo, casi siempre terminaban cediendo.
Y Augusto no era diferente.
Yo acababa de ofrecerle la posibilidad de conseguirla.
¿Cómo iba a rechazar algo así?
Me acomodé en el sofá