“Esto no puede seguir así, tengo que sacar a Natalia de aquí”, pensó Daniel con determinación, sintiendo su sangre hervir.
Los hombres se enfrascaron en una lucha cuerpo a cuerpo, mientras se empujaban, causando mucho revuelo en el pasillo del hospital.
Daniel, con el rostro desencajado, lo miró con un desprecio absoluto.
—Cuando descubras la verdad —dijo con voz baja, pero cargada de veneno—, no vengas arrastrándote por perdón. Porque no te lo mereces, ni el amor de tu hijo al que tan fácilme