El ambiente en la sala era tenso, cargado de emociones contenidas y miradas cruzadas.
Astrid miraba a Graciela con el ceño fruncido, tratando de procesar todo lo que estaba ocurriendo. Graciela, por su parte, se tomó un momento para calmar su respiración, aunque su voz se oyó temblorosa al comenzar su relato.
—Conocí a Fabrizio Marchetti en un viaje a las Islas Fiji —dijo, mirando a Astrid con los ojos llenos de tristeza—. Era un hombre encantador, debo admitirlo, pero también… muy manilarga