El silencio después del impacto era casi tan ensordecedor como el propio choque. Natalia se quedó paralizada, con sus ojos fijos en la escena de destrucción frente a ella.
Los autos estaban destrozados, el humo salía del capó del vehículo de Simón, y el del atacante había quedado incrustado contra un poste.
—No… no puede ser —murmuró, su voz temblorosa mientras las lágrimas comenzaban a brotar incontrolablemente.
Sus piernas no respondían, su mente gritaba que corriera, pero el miedo y la