La noticia del médico transformó el aire pesado de la sala en una ráfaga de alivio. Natalia, con una exclamación de júbilo, sacó rápidamente su teléfono para llamar a su madre.
—¡Mamá! Papá será dado de alta pronto. ¡Está mucho mejor! —dijo con una sonrisa amplia, paseando por la sala mientras hablaba con Graciela.
Su alegría era tan genuina que, por un momento, olvidó la tensión que flotaba entre los dos hombres. Simón observó a Natalia con una mezcla de melancolía y ternura.
Quería creer