El aire en la sala se sentía pesado, saturado de emociones contenidas. Natalia observaba a Simón desde su lugar, cada detalle de su expresión le traía recuerdos que preferiría olvidar.
Era inevitable no pensar en aquella noche, seis años atrás, cuando se había armado de valor para pedirle que la escuchara.
—Por favor, Simón, solo dame cinco minutos para explicarte —le había suplicado con lágrimas en los ojos.
—No hay nada que puedas decirme para justificar lo que hiciste —respondió él con l