Aitor tragó la saliva con dificultad, sus orbes azules se llenaron de lágrimas, y ni hablar de lo que su corazón estaba sintiendo en ese instante. Contempló a Aby sin saber qué responder.
—Le acabo de contar —murmuró ella con voz suave, el pecho de Abigaíl subía y bajaba agitado, durante esos cinco años en el exilio jamás pasó por su mente imaginar la escena que estaba presenciando en ese instante.
Aitor dejó salir el aire que contenía, se inclinó para estar a la misma altura de su hijo, sus c