Aitor se las había ingeniado para empezar con su plan de conquista, antes de partir a Londres se había comunicado con una de las florerías más exclusivas de la capital inglesa y había pedido que le enviaran a Aby el arreglo más grande y bonito de rosas rojas de la tienda.
Aún se encontraba en el avión, cruzando el océano para llegar al encuentro con ella.
«Hubiera querido ver tu rostro cuando te llegaron las flores» pensó, y se imaginó que sus hermosos y grandes ojos se abrieron con amplitud