—Hola amigo Aitor —saludó Jake con emoción a su papá.
—Hola, ¿cómo estás? —preguntó Aitor, lo observó con ternura.
—Estoy bien, ya volví a la guardería, hoy llegaron niños nuevos —comunicó—, jugamos con los muñecos de Batman que me regalaste, todos quieren unos iguales. —Se quedó en silencio—, pero varios de mis compañeros no tienen dinero. ¿Podríamos comprarlos para todos?
Aitor ladeó los labios, sentía el pecho inflado al escucharlo, y agradecía que a pesar de la distancia, Aby le permitie