Aitor cerró sus puños con fuerza.
—No es el lugar ni el momento indicado para hablar de estas cosas, no volveré a molestar a Aby —musitó arrastrando las palabras.
—Abigaíl, solo espero que no haya más escándalos —vociferó el anciano con voz de advertencia.
—Los dos se pueden ir por dónde vinieron —bramó Aby con profunda seriedad, entró a la casa, azotó la puerta, y se recargó en la madera, entonces empezó a llorar.
Afuera Robert enfocó su mirada iracunda en su ex yerno.
—Eres un m@ldito in