Luego de un largo mes, por fin había llegado el del tiempo de la operación de Frank, viajaron a Nueva York para darle ánimo.
Mañana sería el día y Frank, aunque fingía ante todos estar bien y ser fuerte, sentía un miedo en su interior, había rezado mucho, y esa noche organizaron una cena, muy a tiempo, pues él debía estar varias horas en ayuno.
—Quiero brindar por la vida, por cada uno de ustedes, ha sido difícil los últimos tiempos, pero estamos aquí, juremos que nada nos vencerá y que siempre