Diana se había cubierto el rostro, temerosa de ser golpeada, pero cuando vio a su hijo sintió alivio, y respiró profundo creyendo que era salvada.
Lucius se zafó del agarre y miró a Scott con rabia, sus miradas se enfrentaron, Scott pudo sentir que veía en él un odio que nunca creyó ver, supo que era eso lo que tanto temía Valentina, y Lucius solo dio la vuelta alejándose de la mansión Brighton, mientras Diana miraba a su hijo, ella estaba pálida
—Gracias, hijo —dijo Diana—. ¿Te das cuenta? ¡