60. Cassio fue herido por protestantes
Desconcertada, Kathia se quedó con el móvil en la mano durante largos segundos, después reaccionó y le marcó de nuevo, pero nada, la enviaba al buzón.
Debía estar pasando algo, y pronto buscó la forma de saber qué.
Tomó el ascensor y esperó inquieta hasta llegar a la recepción del edificio.
— Piero — llamó a su escolta, que coqueteaba con la mujer detrás del mostrador.
El hombre se despidió momentáneamente y se acercó a la mujer de su jefe, notándola un tanto ansiosa.
— Kathia. ¿Ocurre algo?
—