Despabiló cuando las luces de la ciudad la encandilaron y caminó hacia la extensa ventana frente a ella. Disponía de una mediana terraza en el exterior, la cual le entregaba la mejor vista del hotel. La brisa fresca se sentía revitalizante, al menos para ella, que, poco a poco, comenzaba a purificarse con cada cambio, con cada nuevo sentimiento que crecía en su interior.
El lugar le pareció perfecto, demasiado reconfortante para ser cierto, pero detrás de toda esa emoción, no pudo evitar sentir