Lexy caminó detrás de Joseph, pues aún le costaba familiarizarse con los espacios de su hogar y, no obstante, no resultaba una mansión llena de lujos, la casa del hombre era dos o tres veces más grandes que su humilde morada.
—Mi hermana y sus amigas se reúnen cada viernes para cotillear —explicó Joseph cuando se acercaron a la cocina y un sinfín de grititos y voces femeninas se oyeron a su alrededor—. No te molesta, ¿verdad?
—¡¿A mí?! —cuestionó Lexy y se tocó el pecho con sorpresa.
Nunca nadi