La joven mujer sucumbió en un placentero sueño del que no despertó hasta el domingo en la mañana, cuando se vio preparando una torre de emparedados que acompañarían su viaje de regreso a casa y su ciudad natal.
Joseph estaba regando el jardín antes del gran adiós y ella organizando el resto de los pendientes para comenzar un nuevo recorrido por la colorida carretera.
Se rio solita de los recuerdos que la inundaron con prontitud y se sonrojó al recordar la buena mano de Joseph para tratarla y cu