Alex echó un vistazo al trago que Laura había servido. Aunque la bebida no era tan fuerte como el vodka, tenía una alta concentración de alcohol. Al recordar las dos veces que había visto embriagarse a Noa y actuar de manera adorable, un fuerte deseo de posesión surgió en su corazón. No quería que nadie más presenciara su estado de ebriedad.
Justo cuando estaba a punto de rechazar la oferta, una voz suave e indiferente resonó.
—Director, te has vuelto a confundir.
Manuel miró a Alex con una son