Era Alex ...
Noa entornó los ojos y avanzó tranquilamente, como si no le viera.
Alex oyó pasos y levantó los párpados, fijando su mirada intensa en ella.
Tan pronto como entró en el palco, la había visto. Estaba vestida maravillosamente, su vestido de terciopelo rojo envolvía su preciosa figura, su cintura fina y sus brazos regordetes perfilaban su encanto. Hoy sus piernas no aparecían como ayer, pero era aún más atractiva.
Sin embargo, pasó por delante de él sin expresión alguna en el rostro.
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