Cuando Noa se recuperó, se sintió un poco nerviosa y trató de secarse las lágrimas que habían caído sobre el guion. Pero al hacerlo, las palabras del guion se emborronaron.
Con cierta resignación, tomó un pañuelo de papel y lo colocó encima para absorber el agua. Luego, secándose las lágrimas, recordó la vida de Gabriela.
Desde que era pequeña, no tenía ningún otro deseo aparte de uno: esperaba que su hermano pudiera curarse pronto de las toxinas en su cuerpo. Así que decidió probar medicamentos