Solo de pensar en esas imágenes Noa se sintió sumamente avergonzada.
Abandonó su matrimonio de forma decisiva, pero resultó que una copa de vino la había devuelto a su forma original. ¡Era tan humilde delante de Alex!
Se puso el guion sobre la cabeza y se tumbó en la cama.
Sonó el teléfono.
Noa descolgó y contestó.
—Hola Mario.
—Noa, ¿cómo va tu guion? Por la noche, el señor Hugo va a invitar al equipo a cenar, iré a recogerte entonces.
Se negó fríamente:
—Tengo que memorizar el guion, no voy.