—Bien.
Cuando llegaron a la carreta de bueyes, Alvaro fue el primero en subir y luego le tendió la mano hacia Noa.
—Toma mi mano.
Noa se puso la mano en su palma inexpresiva para que él la ayudara a subir. Entonces los dos se sentaron juntos.
Todo entre los dos andaba con mucha naturalidad, y Alvaro parecía no considerarse una gran estrella en absoluto. Pero lo más sorprendente fue que Noa estaba demasiado tranquila como si no fuera nada el cariño de Alvaro hacia ella y este no fuera nadie más q