—¿Cocinar? —Ximena se quedó aturdida.
—Sí —Alvaro asintió y siguió—, las chicas de nuestro grupo no tienen que hacer trabajo difícil, así que podrás descansar un poco, pero luego tendrás que ayudar en la comida.
Ximena estaba un poco confundida, ¿cómo iba a saber cocinar? Si lo supiera, ayer no tendría que estar muerta de hambre.
Al notar la vergüenza en su cara, Alvaro dijo:
—Por tu expresión, ya sé que no lo sabes —Ximena miró inconscientemente a Noa, a punto de recordar que no era la única c