Sofía se aplicó la mascarilla facial y se tumbó en el sofá. Continuaba revisando su teléfono.
—Noa, si no puedes dormir, puedo hacerte compañía y charlar contigo en cualquier momento.
—Está bien, muchas gracias.
Noa ya se había acostado.
Había sido despertada a mitad de la noche. Su estado de ánimo era bueno, pero su cuerpo no se sentía bien en absoluto. Sofía era una persona sencilla, despreocupada y de buen corazón. De lo contrario, no habría venido a la habitación de Noa a hablar de este asun