Su boca se separó de la de ella para recorrer su mandíbula. Cuando su lengua rozó su pulso, ella jadeó y le clavó las uñas en los hombros como si, de lo contrario, fuera a flotar y alejarse.
—Xavier...— mitad protesta, mitad súplica.
—No te resistas, mi pequeño fénix —su voz era áspera contra su garganta—. Te necesito.
Su barba incipiente le arañaba la piel mientras su boca bajaba hasta su clavícula. Una mano se enredó en su cabello, inclinando su cabeza hacia atrás para dejar al descubierto má