La casa del señor Robinson, ese día se llenó de alegría, mi Marlon David corría de un lado para otro, siempre bajo la mirada vigilante del señor Robinson.
Al final del día, lo que quedó fueron los platos sucios medio llenos de comida, los vasos aún con pequeñas cantidades de bebidas. El señor Robinson con una vitalidad increíble todavía tiene fuerzas para correr detrás de mi niño.
Alexánder por supuesto en todo el día no pierde oportunidad para halagarme, decirme lo bella que est