Llegamos al hotel, todos estaban eufóricos a consecuencias del vino, hasta Milángela que toma poco también estaba muy mareada, la tuve que llevar a su habitación, la ayudé a cambiarse de ropa y la dejé abrigada, tratando de dormirse.
Cuando me dirijo a la mía escucho la voz del profesor detrás de mí.
—Fernanda, ¿puedo hablar contigo?
—¿Profesor no le parece que es muy tarde?
—Solo un momento.
—Dígame.
—¿Qué tengo que hacer para que me prestes atención?
—U