Estaba en la delegación de policía, frente al sargento que me está interrogando, de pronto escucho esa voz, que fue como manantial de agua fresca sobre mi, cuando ya me creía perdida sin saber que decir, llegó mi defensor, mi abogado, esa palabra sonó en mis oídos como el canto de un ángel, " su abogado" no sé de dónde salió, pero bienvenido sea.
—Señorita Fernanda, le ruego que no diga nada. Sargento solicito hablar con mi clientes, por favor.
—Está bien, está en su derecho y el