La Fontana di Trevi me hipnotizó, me llevó a un mundo paradisíaco dónde sólo existíamos los dos.
—Señorita, ¿me puedo sentar a su lado?
—Claro, disculpe estaba distraída.
Veo mi reloj y me doy cuenta que es tarde, ya la tarde está cayendo, me levanto y me despido de la fuente, por supuesto ya hace bastante rato que lancé mi moneda a la fuente.
Me subo al transporte para irme a mi casa, reviso mi teléfono, ¡Santo, Dios! tengo varias llamadas perdidas de Richard.
—No