El trinar de las aves: Octava parte.
Pero aun no perdió la esperanza, se levantó de su lecho de autocompasión y fue rápidamente al pueblo Ciprés a la casa de la familia de Lucía, cuando llego toco la puerta de la casa y quien lo recibió fue Lou que sin rodeos le dijo lo que había pasado. Fausto sentía como su corazón golpeaba contra su pecho mientras intentaba procesar las palabras de Lou. Estaban parados en el borde del bosque, donde el aire fresco apenas mitigaba la tensión que se cernía sobre ellos. El cielo gris parecía presag