El trinar de las aves: Décima parte.
Lucía se sentaba en la pequeña mesa de la cocina, iluminada por la luz cálida del sol que se filtraba a través de las cortinas de lino. La aguja de costura se deslizaba con facilidad por la tela entre sus manos, mientras sus pensamientos vagaban entre recuerdos y el presente. A su alrededor, el aire del pueblo parecía siempre lleno de calma. El sonido del viento entre los árboles y las voces distantes de los vecinos llegaban como un murmullo suave. Había encontrado, al menos por ahora, un lugar