El llanto del gorrión: Séptima parte.
El tiempo transcurría pero para Lucía, los días eran un borrón de horas indistintas, donde el sol apenas lograba calentar las habitaciones, y la nieve cubría el paisaje exterior con un manto blanco que parecía eterno. Los árboles desnudos, sus ramas retorcidas y cubiertas de escarcha, se alzaban como figuras fantasmales.
Envuelta en una tristeza constante, últimamente se desplazaba por las habitaciones con una lentitud algo exasperante. Cada movimiento era un esfuerzo, no solo por el embarazo