Áster lo miró, esta vez con una expresión más seria, como si algo en las palabras de Fausto le hubiera hecho entender algo que antes no veía con claridad.
—¿De qué estás hablando exactamente? —Preguntó Áster, con una mezcla de curiosidad y cautela —Dime de una vez que quieres.
Fausto tomó una respiración profunda, consciente de que lo que estaba a punto de decir sería crucial. No había marcha atrás. Por más que le disgustara la idea, ambos estaban en una situación donde la única salida requería