Juan
A pesar de que estaba atado, alcanzó a rozar sus manos en mi cuerpo, de inmediato llame a uno de los guardias, que le puso una de las esposas en sus pies, y a su vez en uno de los barrotes de la celda, él tan solo refunfuñaba en repetidas ocasiones, él se veía de una forma tan deplorable, era realmente patético. Se veía sucio, con rastros de sangre en su rostro y en su cuerpo, sin contar que se veía completamente desaliñado. El guardia lo miró y le pidió que se comportara o se lo llevaría