CAPÍTULO 52 Lo que no se borra
Luis se emborrachó mal otra vez.
No fue el whisky elegante del empresario herido.
Fue la botella casi vacía apoyada en el piso, el saco tirado sobre el respaldo y él desparramado en el sillón como si la casa ya no fuera suya.
Tenía el celular en la mano.
Miraba una foto.
Ofelia.
No una foto pública,ni una del desfile.
Era una vieja. De él con ella.
Una de cuando todavía lo miraba como si él fuera suficiente.
La observó durante largos minutos.
La amplió.