Odette se excusó y fue a la cocina, con la esperanza de que un poco de comida pudiera aliviar su tristeza. Revolvió el refrigerador, llenando sus brazos de snacks y sobras.
—Señorita Odette, déjeme ayudarla —dijo la empleada, acercándose.
—No, gracias, tía. Yo puedo —respondió Odette con una leve sonrisa, regresando con cuidado a su habitación para que nada de lo que llevaba se cayera.
—Odette… ¿por qué llevas tanta comida? —preguntó Adeline, con curiosidad.
—¡Me muero de hambre! Vamos a comer